Caída

Escrito por  //  13 Nov 2013  //  Unica  //  Comentarios

slider image

Desperté sobre un lecho de hojas crujientes. Olores y sonidos del bosque llegan
velados como a través de un sueño. Ahora, estoy en un sitio desconocido, rodeado de
penumbras interrumpidas por algún ligero rayo de sol que logra colarse entre el follaje
y pasa a través de la abertura por la que antes caí. Desde acá, la abertura es solo un
pequeño círculo de luz pálida en el negro cielo, como la luna en una noche sin estrellas.
No tengo manera de saber exactamente cuanto he pasado acá, afuera hay luz, pero
no significa nada, era noche cerrada cuando me aventure en el bosque y ahora estoy solo
en la oscuridad.
Hago un breve recuento de daños, salvo algunos golpes y raspones al parecer estoy
bien, ninguna fractura o herida grave que lamentar. La mochila y la escopeta de caza
quedaron allá arriba, junto con la linterna de mano. Depositadas cuidadosamente junto
al árbol donde aguardaba a mi presa. Era un pequeño venado que solo pareció notar mi
presencia segundos antes del disparo. Un fogonazo en la oscuridad, un cuerpo que cae y
el rumor de la respiración acelerada de mi presa.
Recuerdo levantarme con piernas adoloridas por la inactividad, encender la linterna
de frente y disponerme a cobrar mi presa. Los enormes ojos del animal me vieron
asustados mientras me acercaba, pero sus esfuerzos por levantarse y huir eran inútiles,
sendos perdigones le robaban la vida por sus múltiples heridas. Con cuidado me
acerque, cuchillo de caza en mano dispuesto a terminar mi tarea sin desperdiciar otro
cartucho, ya estaba casi a su lado cuando con un crujido de ramas el suelo cedió y caí en
un remolino de hojas, ramas y guijarros.
Logro levantarme, afortunadamente puedo caminar sin grandes dificultades. Sobre
mi cabeza ya no esta la linterna. Mis ojos pronto se acostumbran a la oscuridad y al
mirar alrededor noto que estoy en una galería semicircular junto a lo que parece un
túnel. Al fondo, el gran montón de hojas y ramas en descomposición que amortiguaron
mi caída.
Las húmedas paredes junto al montón de hojas son de fría roca, lisas y resbalosas;
imposible escalar hasta la libertad. He de ponerme en marcha para salir. Solo hay un
camino, el pasillo que se extiende ante mí en total oscuridad, invitándome con un suave
rumor a entrar en su impenetrable oscuridad.
Nunca he temido a nada, he visto la muerte en muchas ocasiones. La he visto
reptando lentamente mientras se lleva la vida de un anciano que yace sobre su lecho de
muerte, he visto como disfrazada de víbora acaba en una agonía insufrible la vida de un
hombre fuerte; incluso me ha acechado en noches de caza encarnada en los colmillos
amarillos y brillantes ojos de las bestias. Pero aún así no le temo.
Sin embargo, esta fría y húmeda galería, parece calida y acogedora frente a la
absoluta oscuridad de la caverna que debo atravesar para encontrar una salida. Me repito
una y otra vez para darme valor
-Debo ponerme en marcha, por allá esta la salida.
La entrada es alta como dos hombres, estalactitas y estalagmitas se acercan como
afilados colmillos de una monstruosa serpiente en pleno ataque, mientras gotas de agua
resbalan por los colmillos; lentamente como veneno listo para matar a su victima. Solo
las gotas al caer y mis acelerados latidos interrumpen el profundo silencio. Reuniendo
todo mi valor entro a la oscuridad.
En la cueva hace aun más frío, ecos de mis pasos resuenan como martillos en el
silencio absoluto mientras mis temerosas manos tantean las paredes a mis costados. Al
principio, andando casi a rastras y luego con más confianza he caminado durante horas
por la cueva ligeramente ascendente. Ligeras curvas hacia ambos costados interrumpen
ocasionalmente la monotonía desesperante del camino. Mis piernas agotadas gritan
pidiendo descanso, pero detenerse es morir. He perdido la noción del tiempo; mientras
la sed atroz me consume. Sin embargo, tengo esperanzas, he subido casi
ininterrumpidamente y pronto debería dar con la superficie.
De repente, un ligero resplandor adelante. Sobre los brillantes muros del camino, un
pálido reflejo interrumpe la impenetrable oscuridad, esperanzado camino con renovada
energía mientras una ligera brisa acaricia mi cara. Olores del bosque llenan la cueva,
rumores de pájaros cantando se escuchan ahogados en la galería. No hay duda, pronto
daré con la salida.
Cada paso me acerca más a la salida, ahora puedo ver a arriba a lo lejos, la calida
luz del atardecer. Mis piernas cada vez más seguras avanzan sin descanso, hasta que me
tropiezo de bruces con lo que no había notado en la penumbra.
Una húmeda pared de fría roca, lisa y resbalosa; imposible de escalar.

Biografía de Jesús Alberto Calero Peña

Jesús Alberto Calero Peña, nacido el 15 de Marzo de 1982, criado en el seno de una familia de clase media en la ciudad de Valencia. Hijo de Juan Calero Darias, canario de nacimiento y venezolano por decisión y Alexis Magdalena Peña de Calero, venezolana. Es el tercero de 3 hijos, Licenciado en Mercadeo, egresado de la Universidad José Antonio Paez. Miembro del equipo de www.simplementearte.com y ha escrito colaboraciones para www.zaaranda.com, actualmente microempresario y blogero, (www.letrasinutiles.blogspot.com).

Cuenta de twitter: @directorcalero

Comentarios via Facebook