El machete de Mayo

Escrito por  //  30 May 2014  //  Unica  //  Comentarios

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El machete de Mayo es tan pesado que debe tomarlo con sus dos manos. La lozanía de ellas se esfumó hace tiempo. Ahora reinan manchas color vainilla, acompañadas de unas arrugas parecidas a las de un árbol enfermo. Los dedos que sostienen aquella vara de metal gozan de un parecido a las espinas, si te topas con ellos, correrás el riesgo de ser puyado.

El cabello de esa mujer no ha olido el agua desde hace años. Olvidó el tacto de un baño por la mañana, tarde y noche. Ahora la hediondez, es la protagonista de sus días en el campo. Una de esas razones, es el uso de los mismos trapos de siempre, solo ella sabe cuándo fue la última vez que deslizó sus percudidos brazos por las telas rotas que llama ropa, ese zurcido atuendo, en vez de estar escondiendo aquel feo cuerpo, debería de usarse como coleto. Pero igual no le serviría porque el suelo de su rancho es tierra pura.

Tiene por compañía insectos que merodean celosos por cada esquina de su hogar. Antes de que Mayo llegara con su reino putrefacto, ese sitio pertenecía a los ancestros de aquellos invertebrados. La mujer los espanta con maldiciones que solo ella puede entender. El más descifrable es -¡Esta casa es mía, zape pa’ allá!- mientras alza desde lo más alto de su cuerpo, el machete.

Cualquiera que pudiera verla desde lo lejos, lograría constar que lo usa para cortar monte, pero no, siempre lo sostiene con sus manos mientras deambula por aquellos parajes rudimentarios. Los curiosos tratan de mantenerse lo más distanciados de ella, y lo consiguen.

No solo los insectos son los huéspedes de Mayo, también hay dos niños igual de percudidos que ella.Sus pieles son morenas pero el sol que las penetra hace que sean más oscuras. El de los ojos saltones, se llama John María y el de los pies escurridizos, Joan. Así los etiquetó la mujer cuando los encontró jugando con potes de leche. Los llevó a su casa de tierra que no tiene comida ni tampoco agua, solo los salvaguarda de la peligrosa noche.

La tiesa cama alberga sus espaldas. Esta vez el machete reposa debajo de ella, así los niños y Mayo pueden dormir lo más cercano a lo que llaman comodidad. La noche transcurre con el canto de los sapos desde un lado y los grillos respondiendo del otro. Pareciera que estuvieran enfadados por la presencia de nuevos visitantes y por lo tanto, les quita más aún la posibilidad de retomar el sitio de sus ancestros; solo acechan con sus baladas de barro y monte.

Joan, el de los pies escurridizos, tiene un sueño. Persigue un hilo sostenido por una niña de su misma edad. Ella sonríe con un tono malicioso mientras lo desprende. Luego aparece otro y otro. Son miles de hilos los que producen la carrera desesperada del niño. La muchachita desaparece junto a ese espectáculo. Ahora Joan se encuentra jugando con un perro enorme. Es una bestia formidable. Sus jadeos retumban todo el panorama inexplorado que lo rodea. Los movimientos de sus juegos son parecidos a los del acto sexual. Pero él no sabe qué es eso, solo es un niño inocente.

Mayo ronca fuertemente en la esquina derecha de la tabla que llama cama. Joan mientras sueña con hilos y un perro, en el medio, John María en el extremo izquierdo quien tiene su espalda dirigida al otro niño. Él está dormido profundamente, así que no siente los movimientos de cintura de John María, su cortico chor es rozado por la entrepierna de su amigo. Resulta que Joan solo está soñando, así que los meneos son producto de su inconsciente.

Los tenues temblores de la cama se manifiestan paulatinamente. Ya la boca y nariz de Mayo no resoplan ronquidos. Las manos marchitas se encuentran en el vientre que nunca arropó un bebé. Sus pestañas se mueven ligeramente al giro de un próximo despertar. El chillido de los mosquitos que nadan en el hedor de la mujer anuncia que pronto ocurrirá algo. Aún así, el pulso de la cintura de Joan se acelera cada vez más y John María, sigue dormido sin percatarse de aquellos movimientos.

La reina de la putrefacción logra despertarse y de su garganta profundiza un grito tan enorme que acalla a los sapos y grillos que acechan el rancho. Voltea su mirada hacia Joan, quien se mueve cada vez más rápido. Dentro de su mente, vaga la idea que el niño tiene sexo con el otro. Pero no es así, solo estaba soñando. Así recordó que su hijo, su amante, su todo, se encuentra debajo de la cama. Mientras los alaridos continúan, rescata su machete de la oscuridad terrosa para encajarlo en el pequeño cráneo de Joan, quien solo jugaba con hilos y un perro

Biografía de Luis Felipe Hernández

Luis Felipe Hernández, es un valenciano de 22 años, estudiante de décimo semestre de Comunicación Social mención Impreso.

"Luis Felipe Hernández es un escritor sin libro, un cineasta sin película, un fotógrafo sin cámara… un tipo cualquiera, uno cuya lucha interna y externa es construir una sociedad más justa." LFH
Twitter: @infelipe_

Dibujo: Manos de anciana de Marta de la Fuente http://martadelafuenterincon.blogspot.com/2011/08/dibujo-grafito.html

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