Mi encuentro con el Minotauro

Escrito por  //  21 Oct 2014  //  Unica  //  Comentarios

slider image

A lo lejos en la ribera más cercana al Egeo, muchos visitantes miran con cierta curiosidad en dirección al poniente. Algunos comienzan regalándole la vista al cielo, otros no muy equivocados a la intención de los anteriores, inician desde un punto de partida cubierto de misterios, ondulante, de movimientos persistentes, podría decirse que vivo, quizás, faltándole la cualidad del parlamento. No dudo de su capacidad para evocar, resguarda almas vivas y oculta puertas con caminos directos a la perdición.

Justo aquí, en el punto fijo donde el antiguo rey decidió borracho en melancolía, entregarle sus respiros a Poseidón en vez de a Hades. Dicho rey, no puede ser otro sin duda, el mismo padre del derrocador estrambótico en facultad, el cual aniquilo sin entendimiento a un ser dulce, límpido, más puro que la nube del medio día. Yo estoy convencido de todo esto gracias a la buenaventura del Grande, por permitir un encuentro abrumador, lleno de secretos perdidos en el tiempo. Donde aquel joven aniquilador, hizo un sacrificio por ignorancia. Si desconoces la historia amigo lector, permíteme esforzar un poco el efímero rayo de energía, atravesando mi sapiencia, para estimular una puerta de fácil acceso. Toma mi mano, estréchala con mis palabras, yo te guiaré cual Virgilio de Dante lo llevó por la hecatombe magistral de los infiernos. Quiero darte la bienvenida al recóndito secreto, del laberinto verdadero.

Si bien, la historia se centró en el acto heroico de Teseo, acabando con el respiro profundo de Asterión, encajando su espada de bronce en el pecho y no obstante, como esgrimista experto en el arte de asesinar, uso los antiguos conocimientos de la tauromaquia, para darle un fenecimiento lo bastante optimo, acorde a la sinfónica pieza en la cual Asterión, alias: El Minotauro, llevaba sin saberlo, la batuta de la destrucción. Ya sin el monstruo de la locura del laberinto, no queda otra cosa. Los rincones, escalinatas, cisternas y múltiples pasadizos quedaron tristemente solos. Ningún león ansioso o capullo de rosa, entraría en cuestión de hacerse parte del profundo acto bélico, con respecto al sacrificio. Ni tampoco el visaje del hermoso reflejo de Ariadna, retornó al menos, para llorar a su Quasimodo hermano.

El héroe Ateniense dijo tantas mentiras, posiblemente superadas sobre la realidad del amorfo ser, incluso todo el engaño alrededor del sitio. Es decir, El malvado Minotauro; y el inaccesible escape por su habitación, el hogar de antaño, su resguardo…el laberinto.

Años pasaron atravesando la Tierra en las zonas habitadas y despobladas de la creación, se ahogaron del culto pagano a este mito. El hombre cuya mano dejó exánime a una bestia sedienta de sangre pura. Llegando al centro de las encrucijadas, donde las sombras pierden el tiempo haciendo el amor y la luz es distante, debido a la poca verdad de esta realidad.

Aquí es donde pido permiso, para develar el secreto. Yo mismo, inclino mi cabeza sin sentir orgullo, ni rencor. Conociendo el misterio más abrumador de la Esfinge y la pirámide de Keops. También me topé con la triste y fuerte verdad, detrás de este telón oscuro, por las manos de la mentira.

En una noche alejándome de mis acosadores, los cuales replicaban una profunda y sincera verdad que no pude darle buen ojo a su primera impresión. Me adentré sin intención por una puerta vasta, longeva llena de verdades. En el momento no supe donde mi ánima se hallaba viajando. Pensé haber salido a pasear como siempre pero, recordé el hecho de ser acosado, por lo tanto debía estar muy despierto, atento y sigiloso, como un gato tuerto. Lo primero en notar fue un pasillo amplio, cubierto en su totalidad por piedras enormes, me refiero a la longitud, no se veían gruesas sino largas y sin espacio, una total figura arquitectónica en perfección. Luego mis pasos en pleno nocturnal, descendieron un tanto por la forma de escalones en la noche de un eclipse. No había duda, la maquina maravillosa de mi cuerpo, bajaba a un averno olvidado por las arenas, a través de no una, sino cientos de escaleras. Era la mezcla homogénea y continúa de pasajes y escalinatas, una por aquí otra por allá, transmutándose en círculos concéntricos, a veces en caracol, otras rectas haciendo sentir al cuerpo completamente confuso. A partir de entonces mi psique convulsiono, no podía diferenciar de si caminaba en sentido normal o contra atmosférico. Lo más probable, era la falta de alimentos, estoy mintiendo ahora, fue la falta de luz, la escasa verdad.

Tardé como un día entero en poder tropezar con los restos de una cosa, verdaderamente qué cosa. Los huesos en reposo de una abominación, se recostaban en medio de este pasillo. Había dicho “un día entero” son ideas mías, el día lo tomé por cuenta propia y no por guía solar. ¿Es lógico, no? Sin la luz, sólo un eclipse perpetuo, no podía saber la hora a menos que, la llevase en la mente. Ahora bien, retrocediendo a la pieza en suplicio. Poseía unos aspectos extraños, con los ojos cerrados pude verlo, deslizando las palmas de mis manos, cree al ser en medio de una pintura flotante, sin colores, ni sentidos. Su cuerpo era humano, pero ya alcanzando la nuca, los huesos correspondientes no parecían de hombre, más bien robustos. El pobre malformado, si debió ser feo. A partir de allí, su cabeza descendía de la estirpe bovina, si lector, una cabeza de toro.

El hibrido esquelético me sorprendió, El Minotauro estaba siendo tocado por mis manos, cada yema de mis dedos besó la ahora mitológica e insignificante apariencia física de Asterión, el príncipe. Con el corazón acelerado y la respiración sofocante, aparté mis ápices del casto endriago. Tan pronto logré controlar a mi alma, abrí mis ojos pensando en que ellos también lograsen adaptarse a las penumbras en aquel valle mortífero, donde cientos de jóvenes perdieron la vida ante la ignorancia. Creí tener la mirada al suelo, en dirección sur a la cabeza del amorfo, cuando un rayo cruzado entre la luz y oscuridad inmoló a mi facultad del habla. Un vapor sutil, fresco, hacia pesado al lugar. El espíritu de Asterión estaba frente a mi alma.
No hizo otra cosa, más que mirar su propio esqueleto. Con tristeza, lo acariciaba y daba la impresión de estarle corriendo unas gotas de amargo llanto. Había sentido y razón de por medio. Lloraba no por su muerte, ni su teratogénico aspecto, desbordaba un mar, gracias al abandono, ocasionado por las mentiras, blasfemias y secretos ocultos que vivían en las mentes del pueblo.

La sorpresa más grande realza lo majestuoso del Minotauro. Usufructuaba el arte fino de la palabra. Increíble, aquel monstruo del cual, el bardo argentino detalló su casa y a medias su pensamiento, no logró encajar la verdadera fascinación del príncipe. Asterión sabía pronunciar de manera delicada, galana, fina y señorial. La cuestión yacía en su forma física, gracias a su mezcla heterogénea. Una criatura mitad hombre abajo, con cuello y cabeza de toro no podía hablar, entonar o tararear en otra manera. Pies humanos caminan con pasos de humano, pero él no los tenía, un tope coronado con cornúpetas no lograba ser entendido en nuestro lenguaje. Hablaba conforme a su naturaleza, cabeza de toro departía, entonaba y cantaba como un buen toro. Pero, ahora siendo un espectro, un espíritu conservador, llevaba a cabo todas las conversaciones sin querer acabarlas, ni aburriendo con cualquier tópico.

Asombrosamente conversaba muy sereno, llenando al fin las ansias de conseguir a otro Asterión. Lo único diferente, el que yo no fuese un verdadero Minotauro en mi aspecto físico. Resulta y acontece lo siguiente, en el fondo, no en mi corazón, más bien en mi mente donde esta resguarda la verdadera intención del creador, ahí es donde sí me hallé a mí mismo, juzgándome como un toro. Tuve mucho miedo, a ver, ¿Quién podría resistir la guía de un ente tan peculiar? Podía ser amable, educado, pero monstruo al final. Insistió decenas de veces en mostrarme su cuarto favorito, ¡Ja, ja, ja! Resultó ser la biblioteca.
El Minotauro si sabía leer, hasta me superaba, claro pensaras “Obviamente, no había luz para leer” y te equivocas lector. Asterión conocía bien su casa, como un excelente pastor conoce a sus ovejas. Todo estuvo bajo sombras y en un tris, se hizo la luz en el laberinto. No sé cómo, sin embargo él lo logró, el Sol brillaba en el hogar.

Continuando dentro de la biblioteca, él me explicó todos los secretos más ocultos; y yo a cambio le mostré el único que él desconocía. Ese mismo, el de la Esfinge, el cuarto perfecto donde debe reposar el Hombre de las Montañas, cuidador de todas las especies. Quedo complacido y sumamente conmovido. No lo podía creer. Meditó un rato y dejando escapar unos hilos de susurro, decidió contarme la verdadera historia de su azar.

Este hogar, bañado en piedras. Forjado en pasajes asesinos y fosas compuestas por cientos de alfileres atravesando cuerpos de almas extintas, posee un don magnifico. Muchos culpan a Asterión de ser un homicida, una bestia loca e inculta; blasfemias. Crean una figura de acuerdo a su propio reflejo. Mi asesino Teseo lo creyó así; y no lo culpo. El verdadero fratricida es el laberinto, no es un ser vivo claro está, él es la reverberación de la mente. Cada pasillo, fosa, cisterna y galería cubierta en la muerte, es tu mente dándote tu propia manera de actuar. Todos esos cuerpos no cayeron ni se desvanecieron por mi culpa, ¡No! ellos se arrancaron el alma con sus dientes, manos y espadas. Empujándose sobre los alfileres para derramar su sangre y creyendo que fui yo, pero no.

Al contrario, yo salía corriendo para hacerlos entrar en razón y no podía. Mi voz era inentendible para los míseros. Ya cuando no soportaban las heridas, no me quedaba otra opción más noble, debía convertirme en un criminal de vidas para ayudarles a descansar. No lo entendía al principio, ellos lograban entrar y mis gritos, para sus oídos eran rugidos, en realidad significaban “Huyan de aquí pobres inocentes, ignorantes, hijos de la mentira o morirán por sus propias manos”. Incluso, Teseo, posando como un galardonado héroe había logrado enloquecer aquí dentro. Yo corría por todos lados, conociendo a la perfección este hogar, y él no dejaba de perseguirme. Tuve la osadía de fingir enfrentarlo con todo el terror recorriendo mi ser. Cuando alzó su mano, vi una espada de bronce, refulgente y caí al suelo, donde me hallaste. ¿Ahora lo entiendes joven, hijo del pueblo? Yo no era el malo, un monstruo quizás, pero no malo. El laberinto de la mente humana si lo es, te engaña con pasajes de mentira, te oculta misterios en cisternas de arena y desea hacerte caer en picada, directo a un mortífero alfiler. Si eso no funciona, tratará de aniquilar tu alma por medio de otra alma humana. Podrás creer que este laberinto es infinito, aunque no pasa del tamaño de un campo Olímpico, desbordado en escaleras donde subes y bajas sin notar a la misma escalera, con una piedra para tropezar.
En cambio a mí, él no me transmuta porque somos de la misma raza, yo mal formado; y el deforme. No posee la capacidad de hacerme enloquecer.

Ven aquí, ¿Ves, este hilo dorado? Es el mismo de mi hermana Ariadna, la princesa que, me visitaba y en el lecho de mi muerte no hallé su mirada. Es el hilo que te llevara a la verdad, a las afueras de mi hogar. Recuerda, el laberinto es digno de reflejar a la mente humana y sus engaños, pero si un hilo dorado, brillante en rectitud y verdad atraviesa tu cabeza con sensata madurez, podrás encontrar el camino del Sol. Mientras, yo seguiré llorando por mi cuerpo, por aquellos que no lo hicieron en su momento justo.

FIN



Biografía de Alejandro Querales


Alejandro Querales:

- Estudiante de Medicina en LUZ. Nacido en Maracaibo, Estado Zulia el 03 de marzo de 1992.
- Músico, cuatrista, tecladista, Tenor Lírico y compositor autodidacta de música clásica y óperas, en su estilo innovador al que califica de Progresismo musical.
- Participante del XI Concurso de Cuentos SACVEN.
- Participante del Concurso de microcuentos #C140 de @Banesco
- Participante en el Concurso de Cuentos El Club de las Escritoras; España.
- Es un joven escritor venezolano especialmente de cuentos en el género Terror. También escribe poemas macabros y microcuentos. Escribe género fantástico y no ficción incluyendo tres libretos de sus operas no publicadas ni puestas en escena. Sus cuentos son publicados en su blog; www.fabulaeterrorem.blogspot.com donde ha tenido unas elevadas estadísticas a nivel nacional e internacional en países como: Estados Unidos, España, Italia, Ucrania, Canadá, Corea del Sur, en la mayoría de los países de habla hispana entre otros. Todo gracias a la traducción propia de sus cuentos de terror a los idiomas inglés e italiano. Incluyendo narraciones de cuentos de otros autores y de su autoría por el canal Youtube; “Fabulae Terrorem Narraciones”.

Síguele la pista en Twitter: @Aquerales / @Fabulaeterrorem

Comentarios via Facebook