Neofolkore: Una mezcla entre lo tradicional y lo moderno

Escrito por  //  13 Jan 2015 //  Comentarios

Hace unos años, el término Neofolklore empezó a dar sus primeros pasos y a tomar espacios en las emisoras de radio, logrando colocarse al mismo nivel del rock, pop, merengue, entre otros estilos musicales.

Voces jóvenes y nuevas fusiones son algunas características de este movimiento que continúa ganando terreno y que ha generado tanto seguidores como detractores en la comunidad musical. Para unos, todo empezó con la llamada Ley de Responsabilidad Social para Radio y Televisión, para otros el género existe desde hace más de cuatro décadas atrás.

Con la aprobación de la Ley de Responsabilidad de Radio y Televisión en el año 2004, las emisoras de radio nacionales, debieron incluir en su programación un porcentaje de música tradicional venezolana para cumplir con el artículo 5 del capítulo 1 de la ley. Para considerar un tema dentro de esa categoría, el mismo debía cumplir con 4 de los siguientes elementos: presencia de géneros musicales de las diversas zonas geográficas del país; uso del idioma castellano o indígena; presencia de valores de la cultura venezolana; autoría o composición venezolanas y presencia de intérpretes venezolanos.

Es así como varias agrupaciones venezolanas realizaron versiones de temas tradicionales y del folklore venezolano en la que incluyeron fusiones con otros géneros e incluyeron instrumentos como el cuatro y las maracas y los mezclaron con otros electrónicos y estilizados.

Este sonido generó diversas opiniones entre los críticos de música venezolanos. El musicólogo Juan Francisco Sanz, experto en música Latinoamericana, dio su punto de vista a la revista NOTAS acerca del término Neofolklore: “es una etiqueta, alguien lo introdujo y tuvo éxito (…) no son impuestos, son términos paraguas que colocan dentro una cantidad de cosas y es normal que haya gente a la que no le guste”.

Sin embargo Sanz agrega que el término en sí es una contradicción porque “el folklore por naturaleza es algo tradicional, no es nuevo, masivo ni comercial, viene de tiempos inmemoriales, es generalmente de carácter oral y rural, en esas condiciones no tiene sentido el término. Aun así, se le ha estado usando para catalogar cierta música que se hace desde mucho antes”.

Sanz afirma que le dicen Neofolklore porque lo toman músicos urbanos y hacen una fusión con elementos del jazz. “Si decimos el Neofolklore es tomar el folklore darle nueva cara y mostrarlo con elementos modernizados, eso se hace desde hace 50 años” aseguró Sanz.

Al conversar con Sanz acerca de la relación de la aparición del término con la Ley de Responsabilidad Social para Radio y Televisión, agrega que ninguna música es ajena a su contexto y que los cambios en la música son normales y siempre se dan. “Los procesos sociales, la evolución de la sociedad, las decisiones políticas y culturales, la gente y las épocas cambian y eso influye en la música” aseguró.

Fusiones con sabor a Venezuela

Para el compositor Aureliano Méndez, conocido como “Sr. Mendez” y “Panasuyo” este estilo musical se hace desde hace años, afirma sin dejar de recordar la “Onda Nueva” Aldemaro Romero y el “Ritmo Orquídea” de Hugo Blanco. “Fue una expresión que inventaron para dejar claro estaban colocando folklore o producción nacional debido a la Ley de Responsabilidad Social de Radio y Televisión, que comenzaba paralelamente a la invención de dicho nombre. Explicó que la radio lo introdujo como “un género alternativo o moderno dejando entrever que era folklore”.

Aunque su música muchas veces es definida como Neofolklore, “Sr. Méndez” dio sus primeros pasos varios años antes de la inserción del vocablo. Esto fue entre 1998 y 1999 cuando adquirió sus primeros instrumentos electrónicos para “samplear, crear ritmos electrónicos y grabar a 8 canales, con eso hice el “Rio Bellísimo” por ejemplo”, señaló.

Es evidente que este movimiento se consolida con el pasar de los años, artistas como “Sr. Méndez”, Huascar Barradas, “Pollo" Brito, C4 Trío, entre otros; le han dado un nuevo rostro a la música que se hace en Venezuela y han internacionalizado instrumentos como el cuatro, a través de piezas interesantemente fusionadas.

“Quizá el término correcto sea música alternativa, folklore progresivo o world music. Pero así le dicen aquí en las radios de Venezuela, NeoFolklore” dice Aureliano Méndez. Y es que más allá de si el término es musicológicamente correcto, Méndez prefiere aceptarlo y no complicarse, pues para él ha resultado positivo producir música de distintos géneros, “mi fuerte ha sido fusionar música electrónica con raíces venezolanas, Caribe o América del Sur en general”.

De igual manera comentó a NOTAS que por sus trabajos ser conocidos bajo la etiqueta Neofolklore tuvo la oportunidad de producir a la agrupación argentina Sonido Guay Neñe “Ellos fusionan la música típica argentina con música electrónica”. Además de esto, Méndez ganó un Grammy con Calle 13 al fusionar la música tradicional venezolana con Denbow y otros elementos caribeños en el tema “Pal norte”.

Importando música para el mundo

Aunque para Juan Francisco Sanz el término Neofolklore es contradictorio, considera que es parte de un proceso y reconoce que en la actualidad los músicos venezolanos -sin hacer mucho ruido-, han alcanzado un nivel bastante elevado: “en este momento en Venezuela hay unos instrumentistas de primera. Si hay un consenso entre los músicos venezolanos, es que el nivel alcanzado tanto en lo clásico como folklórico, es muy alto es una preparación extraordinaria, un virtuosismo asombroso”.

Aunque el término Neofolklore ha despertado cierta polémica entre los más puristas, por el significado de folklore en sí, queda claro que es solo uno etiqueta comercial. Que es una fusión en la que hay espacios para elementos tradicionales y modernos que inspiran día a día a muchos intérpretes, autores y compositores venezolanos con un interesante resultado: bandas venezolanas ejecutando música tradicional de su país. Ellos, los artistas, no se detienen, siguen dejando huellas tricolores no sólo en su país sino en tierras lejanas.

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