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EL LLENO DE TAQUILLA: ¿UNA VERDAD ABSOLUTA?

Year: 2008 Number: 16
 
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EL LLENO DE TAQUILLA: ¿UNA VERDAD ABSOLUTA?
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Hace 12 años los espacios teatrales se vieron cautivados por la historia de Valeria (Mimí Lazo) en el “Aplauso va por dentro”, pieza que a través de la comedia expuso la problemática de la mujer madura. Hoy por hoy, predomina la tendencia de llevar a las tablas temas bajo ese mismo contexto, sin embargo, sectores del mundo teatral se plantean la interrogante de si sólo entretener al público es suficiente.

El teatro, manifestación artística que se nutre de la mezcla entre los recursos literarios y los elementos más sensibles de la puesta en escena, remonta sus orígenes a las más antiguas civilizaciones. Incluso los cultos y danzas sagradas propias de las culturas primitivas se presentan como las primeras apariciones del arte teatral. Egipcios, griegos y romanos fueron descubriendo una nueva expresión del arte al cual con el transcurso del tiempo, tanto en el oriente como el occidente del globo terráqueo, se le fueron incorporando los diversos elementos que le han dado el rostro a lo que hoy en día universalmente se conoce como teatro.

El texto literario (obra teatral escrita) se suma, como un elemento más, a los elementos escénicos pertinentes para conseguir un espectáculo completo, entendiendo que la obra dramática se escribe para ser representada a diferencia de otros géneros literarios los cuales fundamentan el acto de la comunicación a través de la palabra escrita.

En este sentido, y ya trasladados a un escenario bien delimitado, en el teatro venezolano se observa como en los últimos tiempos, digamos en la última década, el arte teatral se vierte en nuevas maneras de expresión, donde el drama que se desprende de la cotidianidad conflictiva y estresada del hombre contemporáneo se casa con el humor satírico para dar vida a la pieza teatral. Los problemas de pareja, el machismo, el feminismo, el estrés urbano, la soledad, la experiencia de vivir y convivir en una agitada sociedad, son los tópicos preferidos en este tipo de obras que indudablemente han despertado el interés del espectador por visitar con más frecuencia las antes desoladas salas de teatro.

Obras como “El aplauso va por dentro” de Mónica Montañés (1996); las obras gemelas del desaparecido Fausto Verdial “Todos los hombres son mortales”, “Y las mujeres también” (1996); “No seré feliz pero tengo marido”, versión teatral de la novela del mismo nombre escrita por la periodista Viviana Gómez Torpe, estrenada en nuestro país en el año 2004; “Confesiones de Mujeres de 30” (2005), pieza perteneciente al brasilero Domingo de Oliveira; “Tal para cual” (2006), del también reconocido actor Javier Vidal; “Las quiero a las dos” (2008), del argentino Ricardo Talesnik versionada por Luís Fernández, quien también llevara a escena el monólogo “No eres tú, soy yo” (2006); “Juntos pero separados”, versión libre de la obra teatral “Pareja abierta”, de los italianos Darío Fo y Franca Rame, versionada por Carlos Chacón en el 2008, entre otras, son algunos de los montajes teatrales que han calado en el público venezolano y con los cuales éste se ha identificado, probablemente porque se deben a temas que tocan su realidad; piezas de autores criollos y extranjeros que de igual manera han servido de trampolín para actrices como Mimí lazo, quien su interpretación en “El aplauso va por dentro” le ha valido el reconocimiento, dentro y fuera de nuestras fronteras.

Sin embargo, el impulso de estas obras ha generado la dura opinión de algunos críticos y autores quienes lo califican como “teatro ligero”, en tanto consideran que el enfoque y tratamiento de los temas abordados le resta profundidad a la pieza. Otro apelativo otorgado a estos montajes teatrales es el de “teatro evasivo”, pues pareciera fundamentado sólo en el entretenimiento. Es así como actualmente en el mundo de las tablas se percibe la confrontación inadvertida entre un teatro que logra la identificación del hombre y la mujer contemporánea a través de la risa y la distracción, y entre el teatro “de arte”, el cual se maneja dentro del mundo experimental, el cual indaga, va más allá y no se ha conformado con sólo hacer reír al público.

100 años de atraso…

Gustavo Ott, dramaturgo venezolano quien por 15 años ha estado frente al Teatro San Martín de Caracas, afirma que “lo que sucede actualmente en nuestro ámbito teatral, particularmente en la ciudad capital, se debe a la disminución de la percepción que tenemos los creadores, de nuestro público, tomando en cuenta que consideramos que éste se siente seducido únicamente por cuatro o cinco temas, fundamentalmente: la pareja, el mundo femenino, la crisis de la edad, etc., los temas más domésticos y sencillos, que probablemente no tengan ninguna profundidad pero que son la herramienta adecuada para un público, que según nuestra percepción primitiva, quiere evadir la realidad”.

De la pluma de este reconocido autor han nacido diversas obras de corte experimental, premiadas en el escenario nacional e internacional, como lo son: “Pavlov: 2 segundos antes del crimen”, estrenada en 1991; “Passport” (1992); "80 dientes, 4 metros y 200 kilos" (1996); “120 vidas por minuto” (2003), entre muchas otras. Incluso, Ott se ha involucrado con el género de la comedia al escribir las piezas "Divorciadas evangélicas y vegetarianas" (1989); "Apostando a Elisa" (1990); "Cielito lindo" (1990); “Gorditas” (1994), y más recientemente “Pony” estrenada en el año 2006.

Es así como la fórmula teatral “cotidianidad + humor” se revela ante críticos de teatro como un producto meramente comercial. No obstante, la incorporación de la comicidad no es un factor que irremediablemente le reste entereza a la pieza, se trata de darle un adecuado tratamiento al tema, en tanto, “si como creadores somos capaces de crear una forma importante a través de un argumento sencillo, entonces tendremos la posibilidad real de llegar al espectador de una manera más determinante”, agrega Ott.


El también Director de teatro, manifiesta la importancia de tener siempre presente que el hombre de este siglo posee una particular apreciación del mundo, la cual no es precisamente evasiva, todo lo contrario, “son apreciaciones comprometedoras; tienen que ver con el futuro, con el tema del poder, con el medio ambiente, la inmigración, problemas q son profundos y propios del hombre contemporáneo”.

De igual manera, el dramaturgo acota que otra razón por la cual los creadores insisten en realizar montajes teatrales ligeros y de entretenimiento se debe a que “el creador venezolano dejó de estudiar hace mucho tiempo, conformándose con una vida anodina. En Venezuela compite con cuatro o cinco más como él pero ha sido incapaz de proponer su obra al mundo, entendiendo que a esa escala la exigencia es mucho mayor”.

Ott realiza un breve análisis de los montajes hechos recientemente, referidos específicamente al tema de la pareja, siendo su referente la obra de Johan August Strindberg (Estocolmo; 1849 - 1912), es decir, “estamos entonces a 100 años de atraso, lo que nos enfrenta a un problema grave que tiene que ver con el nivel intelectual del creador, no de la concurrencia, sin duda. El espectador posee el nivel intelectual, quiere ser provocado y necesita entender la realidad que le rodea, y no es que vaya a entenderla con tan sólo presenciar la pieza, pero necesita sumergirse en el caos de la creación, así como lo hace actualmente a través del cine y la televisión universal, cosa que persigue el teatro experimental”.

Según el autor, quien prefiere el término “autor teatral” por encima del “pomposo título de dramaturgo”, el teatro venezolano debe aprender del cine y la televisión universal, pues de esas dos entidades se desprenden “las formalidades que están rigiendo al teatro a escala mundial. El cine y la televisión, fuera de este país, tienen una necesidad urgente y es que para poder ser comerciales deben ser profundos, pero esa corriente ha llegado tarde a nuestro país, nuestro teatro sufre un gran atraso en comparación con el resto del mundo. En Venezuela el teatro atraviesa serios problemas filosóficos, su razón de ser está siendo cuestionada y se queda con verdades a medias: con el lleno de taquilla”, situación que a consideración del artista degenera en la falta de infraestructura. “Una ciudad como Caracas que tiene aproximadamente 6 millones de habitantes, cuenta con poco menos de 10 salas de teatro, y resulta que algunas de ellas son exclusivamente de cartelera comercial”.

El humor: ¿necesidad o estrategia?

Por otra parte, Indira Páez, escritora de populares obras teatrales tales como: “Crónicas desquiciadas” (2002); “Locas, trasnochadas y melancólicas” (2002); “Angustias de la mediana edad” (2006); “De velo y corona” (2007), entre otras, argumenta que en los escenarios teatrales del país se han suscitado cambios que están en consonancia con la historia reciente de Venezuela, “la cual ha estado llena de cambios estructurales que afectan todas las áreas de la vida. Obviamente la metamorfosis de nuestro mapa cotidiano, ésta reescritura de la historia, afecta todas las manifestaciones artísticas; y la dramaturgia, siendo además una expresión tan enlazada con el entramado social, no escapa a esta realidad”.

Páez se justifica a través de la teoría de Arnold Hauser, autor de origen húngaro, quien a través de su supuesto explica que la historia del arte siempre está enlazada con la de la civilización, “considero que los creadores bebemos y vivimos de lo que vemos, de lo que nos rodea, de lo que nos precede y nos sucede”.

Para la autora venezolana, “el término comercial es un inmenso piropo”, no sin antes advertir no llevarse bien con las etiquetas, y agregando que el humor forma parte de su estilo, aunado al hecho de que lo considera como un elemento catártico necesario. “Hablo como espectadora cuando afirmo que una buena comedia te relaja, te hace pensar, y sí, hasta te ayuda. Mimí Lazo cuenta que con su actuación en “El aplauso va por dentro” se le acercan señoras a darle las gracias por haberles cambiado la vida, por ejemplo. El humor te deja de alguna manera sin defensas, entonces estás recibiendo una información, un mensaje, tal vez hasta una lección, sin darte cuenta”.

Respondiendo a las constantes críticas dirigidas hacia el llamado “teatro ligero”, el cual indiscutiblemente se ha ganado la aceptación del público venezolano, Indira Páez afirma que “ciertamente, mis obras son ligeras y hasta evasivas, porque para mi la comedia es un válvula de escape. Cuando algo me duele mucho, opto por la risa y no por el llanto”.

“Más teatro, siempre más teatro”

Partiendo de la postura que bien argumentan ambos autores es justo resaltar la importancia del surgimiento de nuevas formas de expresión artística, siempre y cuando éstas no vayan en detrimento de la formación intelectual y cultural del ser humano. “Más teatro, siempre más teatro”, acota Páez al referirse al futuro del teatro en Venezuela. Actualmente estamos en presencia de “nuevas generaciones de autores, cada uno con un lenguaje propio, con un sello personal y distintivo. Estos autores coexisten con los grandes maestros del teatro venezolano, sin que, a mi modo de ver, se tenga que hablar de relevo, como si se tratara de una carrera olímpica” agregó.

Por su parte, Gustavo Ott se mantiene firme al decir que “siempre ha existido la mala televisión y eso no implica que sea el deber ser de la industria, de igual manera sucede con el teatro”. De esta forma, y en función de engrandecer y promover el trabajo de una institución tan importante como el teatro, es preciso que no sólo los dramaturgos sino también la audiencia, se atrevan a explorar los elementos de este milenario arte escénico; sin que esto signifique el desplazamiento de uno por el otro, pues el propósito debería apuntar hacia la convivencia equilibrada de ambos estilos, hacia la pluralidad, pues bien es sabido que “entre gustos y colores no han escrito los autores”.

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